Así resuelvo yo el debate de si los valores de la competición son buenos o malos. Para Henri Didon, Pierre Fredy de Coubertin, Ethelbert Talbot y para mí, está muy claro que la competición tiene valores que forman seres humanos… En la competición aparece la esencia de la persona en lo bueno y en lo malo y desde ahí es muy interesante trabajar. No me considero de esas personas que creen que antes todo era mejor pero en este caso creo que en la teoría, sí. El dominico Henri Didon, amigo íntimo del artífice del movimiento olímpico el Barón de Coubertin, fue el creador del lema “Citius, Altius, Fortius”. Estas tres palabras que han recorrido el mundo entero fueron aceptadas por el Comité Olímpico Internacional (COI) en 1894. Didon aclaró en su presentación que “no debe ser interpretado como una obsesiva mejora de los records sino como un progresivo perfeccionamiento del hombre a merced del deporte” El auténtico espíritu olímpico no tiene nada que ver con el espíritu olímpico actual. El Barón de Coubertin y sus coetáneos tenían muy claro el valor educativo y moral de esta competición de competiciones. Quizá por eso se defendió el amateurismo como primera consigna. El Arzobispo de Pensilvania, Monseñor Ethelbert Talbot, en su discurso dirigido a los participantes de los Juegos de Londres 1908, incluyó la idea de: “Lo importante no es vencer, sino competir” idea que ha sobrevivido al tiempo hasta hace unas décadas que comenzó a verse más como una excusa para perder que como una idea para aprender. El Barón de Coubertin amplió este pensamiento diciendo: “Extender estas ideas es preparar una humanidad más valiente, más fuerte, más escrupulosa y por tanto, más abnegada” El mismo Coubertin escribió en sus memorias: “La vida es simple porque la lucha es simple. El buen luchador retrocede pero no abandona. Se doblega, pero no renuncia. Si lo imposible se levanta ante él, se desvía y va más lejos. Si le falta aliento, descansa y espera. Si es puesto fuera de combate, anima a sus hermanos con la palabra y su presencia. Y hasta cuando todo parece derrumbarse ante él, la desesperación no le afectará” Así surgió una propuesta educativa a través del deporte. Filósofos, educadores y deportistas crearon una filosofía que ha rodeado la competición olímpica hasta hace bien poco. Suponemos que en la época de Coubertin también se generaba el debate pues llegó a decir: “Si mañana se hiciera callar a todos los que hablan de deporte, los que lo practican aparecerían como una falange de reducidos efectivos” Ahora lo diríamos con otras palabras pero viene a ser lo mismo. El espíritu olímpico da mucho de que hablar, es romántico y utópico para la mentalidad actual, pero si todo competidor se agarrase a estas consignas habría mejores personas en el mundo… Vale, me he puesto un poco dramática pero que conste que no exagero.
PD: Como no sabía como hablar de la bandera Olímpica dentro de estas palabras sobre el espíritu olímpico y me muero de ganas de contar por qué es como es esta bandera, voy a crear otra posdata.
PD2: La bandera olímpica son cinco aros entrelazados sobre un fondo blanco. Los cinco aros olímpicos representan los cinco continentes, y los cinco colores más el blanco del fondo, representan los colores con los que están echas todas las banderas del mundo…
Esta bonita y unificadora idea es del Barón de Coubertin… ¡ya lo he dicho!